Visitar el centro de ski Portillo fue una experiencia inolvidable. Desde que llegamos, quedamos maravillados con el paisaje: montañas cubiertas de nieve que parecían sacadas de un cuento. Caminar por este lugar y sentir el aire puro de los Andes fue realmente especial.
Al mediodía, disfrutamos de un exquisito almuerzo en el restaurante del hotel, donde cada detalle estaba cuidado a la perfección. Mientras saboreábamos los platos, contemplamos la vista increíble que hacía que todo pareciera aún más mágico.
Después de este momento tan especial, nos dirigimos a la Laguna del Inca, un lugar que parece detener el tiempo. Su agua de un color verde profundo, rodeada por imponentes montañas, nos dejó sin palabras. Nos quedamos admirando su belleza y disfrutando de la tranquilidad que transmite.
Este viaje nos regaló momentos únicos que siempre llevaremos en el corazón. ¡Chile es un destino que enamora!